Alumnas PUCP montaron talleres de fortalecimiento de capacidades en concesiones para conservación de San Martín

Pudieron recoger data en internet, llamar por teléfono, entrevistar por correo electrónico y cruzar información en alacenas digitales de alquiler, pero prefirieron recorrer la marginal, sudar la gota gorda en la tolva de una camioneta de Amazónicos por la Amazonía (AMPA) y conocer esos rostros bonachones que las estadísticas son incapaces de registrar.

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Daniela Sánchez, Wendy Palomino, Carla Balvin, Giuliana Vílchez y María José Arguedas, estudiantes de comunicación para el desarrollo de la Pontifica Universidad Católica del Perú, llegaron a San Martín con la idea de contactar a las cabezas de cuatro concesiones para conservación, realizar talleres de fortalecimiento de capacidades y evaluar componentes organizacionales como el de género.

Y así lo hicieron. Durante una semana se reunieron con los presidentes y la directiva de las concesiones El Quinillal, Ojos de Agua, Valle del Biavo y Yakukawsanapa. Estuvieron entre Bellavista y Chazuta, pasando por Dos Unidos y Pucacaca, entrevistando dirigentes, comiendo guisito de gallina en olla común, conociendo la cotidianidad de la aldea y el pueblo al pie del camino y descubriendo la naturaleza de una gente comprometida, como el buen Chico Méndes, en defender la amazonía con la sangre, si es necesario.

Pero no sólo conversaron, sino que auscultaron las organizaciones y realizaron dinámicas. Conocieron los procesos productivos como la planta de aprovechamiento integral de coco en Dos Unidos, el flamante emprendimiento del consorcio Coco Bosque, que agrupa las concesiones El Quinillal, Ojos de Agua y Valle del Biavo.

Encuestas, focus groups, entrevistas y dinámicas grupales formaron parte de las herramientas utilizadas por este colectivo universitario que no sólo se llevó indicadores de gestión y una radiografía de los niveles de organización en las concesiones, sino que, además, devolverá la información sistematizada para que cada concesión acceda a las pautas y correcciones que considere pertinentes aterrizar.

Y aunque por ahora no hay una hemeroteca de sentimientos ni una nube para retener los sueños, el recuerdo de esta visita de campo ha quedado atestiguada en fotografías. Pero lo que sí es tangible es el compromiso de la delegación estudiantil de convertirse en embajadoras de la amazonía. En defensoras de los bosques llenos de cataratas, animales salvajes, árboles milagrosos y lagunas alucinantes. Por eso dejarán de pedir cañita, bolsas y cundirán el mensaje de la amazonía como despensa hídrica y alimentaria de un país que empieza a reconciliarse intestinamente.

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