Producir más cacao sin deforestar más bosque: familias de cuatro concesiones fortalecen el manejo sanitario de sus cultivos

Las enfermedades del cacao pueden destruir gran parte de una cosecha en pocas semanas. En San Martín, hongos como la monilia (Moniliophthora roreri), la pudrición parda (Phytophthora palmivora), la escoba de bruja (Moniliophthora perniciosa) y el insecto perforador (Carmenta foraseminis) afectan la producción de cientos de familias agricultoras y, cuando las pérdidas se vuelven recurrentes, también incrementan la presión por ampliar las áreas de cultivo hacia el bosque.

Frente a este desafío, 48 productores y productoras de las comunidades de Ricardo Palma, Dos de Mayo, Maná Hermoso y Santa Inés fortalecieron sus capacidades en el Manejo Integrado de Plagas y Enfermedades (MIP), una estrategia que busca mantener cacaotales más saludables mediante prácticas preventivas que reducen la incidencia de enfermedades sin depender exclusivamente del uso de agroquímicos.

Las capacitaciones desarrolladas durante los meses de marzo, mayo, junio y julio de 2026 por el equipo técnico de Amazónicos por la Amazonía (AMPA), reunieron a socios y socias administradores de las concesiones para conservación: Shitariyacu, El Breo, Bosques de Maná Hermoso y Maquisapa, territorios donde la producción de cacao y la conservación de los bosques forman parte de un mismo paisaje.

Durante los talleres, los socios y socias aprendieron a reconocer los primeros síntomas de las principales enfermedades que afectan al cultivo como: identificar a tiempo la giba característica de la monilia frente a las manchas marrones provocadas por la pudrición parda o los daños ocasionados por la escoba de bruja, permite intervenir antes de que los hongos completen su ciclo de reproducción y se propaguen por toda la parcela.

Los productores y productoras comprobaron que una de las herramientas más efectivas para reducir las pérdidas consiste en retirar periódicamente los frutos enfermos. La denominada “cosecha sanitaria”, realizada cada quince días, interrumpe el ciclo de los patógenos antes de que liberen nuevas esporas capaces de infectar las mazorcas sanas.

También fortalecieron prácticas de manejo como la desinfección de herramientas de poda con alcohol al 70 %, el picado e incorporación de los frutos infectados bajo la hojarasca para acelerar su descomposición y evitar que continúen propagando enfermedades, además de la importancia de mantener una adecuada ventilación del cultivo mediante podas de regulación de sombra.

Para Celina Vidarte Cubas, integrante de la Asociación de Productores Agropecuarios Forestal y Conservación Solopache (APAFCOSOL), el principal aprendizaje fue comprender que el control de las enfermedades depende de la constancia en el manejo del cultivo.

«Lo que más me sorprendió fue ver que los frutos con monilia, si los dejamos en la parcela, se convierten en el peor foco de infección. Aprendimos que la cosecha sanitaria cada quince días puede cortar el ciclo de la enfermedad y mantener sanos nuestros cacaotales».

Una reflexión similar comparte Emerson, productor de la Asociación de Protección de Bosques Comunales Dos de Mayo Alto Huayabamba (APROBOC), quien destaca que muchas soluciones están al alcance de las propias familias.

«Aprendimos que el control de plagas no depende de químicos caros, sino de la constancia en el campo. Veo a Dos de Mayo como una comunidad fuerte en producción orgánica. Si seguimos con la cosecha sanitaria y el manejo cultural a tiempo, el cacao de El Breo tendrá buenas producciones.»

Más allá de mejorar la productividad, el manejo sanitario del cacao representa una estrategia que también contribuye a la conservación. Cuando las parcelas producen más y las enfermedades disminuyen, las familias reducen la necesidad de expandir sus cultivos hacia nuevas áreas de bosque, fortaleciendo un modelo donde la producción agrícola y la conservación pueden avanzar de manera complementaria.

AMPA seguirá acompañando el monitoreo fitosanitario de las parcelas para evaluar la reducción de la incidencia de enfermedades, además de promover jornadas de poda y manejo de sombra que permitan mantener condiciones menos favorables para el desarrollo de los hongos. Porque conservar los bosques también implica fortalecer los medios de vida de quienes viven dentro, y un cacaotal saludable puede convertirse en uno de los mejores aliados para proteger la Amazonía.

Estas actividades son posibles gracias al valioso apoyo de AECID.

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