Comuneros de la provincia liberteña colindante con la Concesión para Conservación Alto Huayabamba firmaron acuerdos de conservación con AMPA

No se trata de un batallón adlátere del dictador Nicolás Maduro. Por el contrario, esta nueva estirpe de soldados no sigue a generales obesos ni responde a catecismos inspirados en el libertador. Su único jefe es la naturaleza y sus armas son sus pies y la verdad. Los primeros sirven para andar derecho y lo segundo para no torcerse y marcar la ruta.

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Don Fermín, sesenta abriles encima y vecino disonante de Ucuncha, uno de los seis distritos de la provincia liberteña de Bolívar, rompe el silencio y alza la voz en uno de los cuatro grupos que Karina Pinasco, directora ejecutiva de Amazónicos por la Amazonía (AMPA), ha dispuesto para la dinámica del taller.

“Ya mucha vaina ya. En mi pueblo sabemos quiénes son los que cortan árboles del bosque seco. Pero ya no se lo vamos a permitir. Si se acaba el bosque se seca el río. No lloverá y si eso pasa nos fregamos todos, paisa”, suelta sin pelos en la lengua y los ucuncheros que lo acompañan en el grupo lo miran con ganas de aplaudir, pero otros fruncen el ceño y quieren hacerlo callar porque ha hecho “roche”.

Pero nada, eso es lo que precisamente quería la dinámica. El taller de resiliencia buscaba precisamente saber cómo es que la gente de Bolívar, colindante con la Concesión para Conservación Alto Huayabamba (CCAH) se está acomodando a los cambios del medio ambiente. A la transformación de paisajes por culpa de la deforestación y la contaminación ambiental.

Y esa mutación ha quedado plasmada en cuatro mapas, cada cual más descriptivo, colorido y grande que otro, donde vecinos de varios distritos detallaron su zona agrícola, el área urbana, las zonas naturales, el bosque invadido, el hábitat de los animales silvestres, la ubicación de chacras y granjas y, cómo no, por donde pastean las enormes vacas.

Ordenamiento territorial que le dicen. Ahora la gente se ha dado cuenta que cada espacio tiene un objetivo y que los bosques no pueden convertirse en chacras, así como tampoco pueden levantar casas en medio del surco donde cultivan quinua, oca o papa.

Más de 30 productores ahora la tienen clara y al término del taller se comprometieron a defender y patrullar los bosques del CCAH, a poner mano dura con los paisanos inconscientes y, lo más importante, firmaron un acuerdo de conservación que los convierte en escuderos de la naturaleza.

Además, se comprometieron a montar viveros en sus comunidades y generar una bitácora de las especies locales con propiedades medicinales. Las mejores iniciativas en ambas categorías serán premiadas por AMPA como una forma de estimular la conservación, la reforestación y el rescate del conocimiento medicinal ancestral.

Caída la tarde, después del almuerzo de rigor y con la sonrisa tatuada en sus rostros, los campesinos emprendieron la vuelta a casa. Prometieron convocar una reunión de toda su comunidad para contar lo aprendido y no repetir errores. Los pondrán al tanto de los
compromisos y los retos que ahora tienen como parte de una receta realmente revolucionaria: Los bolivarianos son ahora guerreros de la naturaleza y punto.

El dato: Bolívar se encuentra en La Libertad, geográficamente está en la zona de influencia directa de la concesión para conservación Alto Huayabamba, donde AMPA protege más de 143 mil hectáreas de ecosistemas andino amazónicos. Esta capacitación fue posible gracias al apoyo de nuestro cooperante GEF Satoyama.

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