Representantes de la Red de Conservación Voluntaria y Comunal de San Martín (RCVCSM) recorrieron iniciativas de turismo de naturaleza sostenible impulsadas por la Red de Iniciativas de Áreas de Conservación de Oxapampa y Selva Central (RIACO), un intercambio de aprendizajes que busca fortalecer el ecoturismo como una herramienta para conservar los bosques y generar oportunidades para las comunidades.

Los bosques tienen mucho más que ofrecer que paisajes extraordinarios. En ellos habitan historias, saberes y experiencias capaces de transformar la manera en que las personas se relacionan con la naturaleza. Aprender a interpretarlas y compartirlas es uno de los mayores desafíos para quienes impulsan el turismo de naturaleza como una estrategia para conservar la biodiversidad y fortalecer el desarrollo local.
Con ese propósito, durante una semana representantes de ocho concesiones para conservación y una para ecoturismo que integran la Red de Conservación Voluntaria y Comunal de San Martín (RCVCSM) participaron en una pasantía de intercambio de experiencias con la Red de Iniciativas de Áreas de Conservación de Oxapampa y Selva Central (RIACO), en la provincia de Oxapampa, departamento de Pasco, donde conocieron iniciativas que han convertido la conservación en experiencias memorables para sus visitantes.

Durante el recorrido visitaron Ulcumano Ecolodge, el Área de Conservación Privada Bosque de Churumazú, la iniciativa de conservación El Palmeral, además del Parque Nacional Yanachaga Chemillén, espacios donde el turismo de naturaleza ha encontrado nuevas formas de conectar a las personas con el bosque, promoviendo al mismo tiempo la conservación y el bienestar de las comunidades locales.
El bosque como una experiencia para descubrir
Uno de los principales aprendizajes de la pasantía fue comprender que el ecoturismo no se limita a recorrer senderos o admirar paisajes. Su verdadero valor radica en la capacidad de convertir cada visita en una experiencia que despierte emociones, genere conocimiento y fortalezca el compromiso con la conservación.

En Ulcumano Ecolodge, los participantes conocieron cómo un centro de interpretación, recorridos por puentes colgantes y protocolos de seguridad permiten desarrollar actividades de aventura sobre el dosel del bosque sin comprometer la integridad del ecosistema. También identificaron la importancia de contar con infraestructura adecuada, equipos especializados y guías capacitados para brindar experiencias seguras y de calidad.

«Ahora veo que también debemos mejorar nuestros accesos, preparar mejor a nuestros guías y ofrecer una experiencia más completa. Ellos reciben turistas extranjeros para observar aves; nosotros también tenemos muchísimas especies y podemos lograrlo», reflexionó Norbil Tantajulca, Concesión para Conservación El Gran Mirador de Juningue.

Cada bosque tiene una historia que contar
En el Área de Conservación Privada Bosque de Churumazú, los participantes conocieron una propuesta que integra la conservación con prácticas sostenibles, como la producción de alimentos en biohuertos y el uso de energía fotovoltaica. Además, descubrieron el potencial del aviturismo alrededor del hormiguerito de vientre cremoso (Herpsilochmus motacilloides), una de las especies endémicas que habitan este bosque.

Sin embargo, uno de los aprendizajes más significativos surgió en el Parque Nacional Yanachaga Chemillén, donde comprendieron que los visitantes no solo buscan observar especies, sino entender las relaciones que existen entre ellas.
A través de relatos que despiertan la curiosidad y las emociones, los guías transforman el bosque en una experiencia de aprendizaje. Historias como la del diablo fuerte y el matapalo —dos árboles que protagonizan una silenciosa lucha por la luz durante décadas— demostraron que cada especie guarda un relato capaz de acercar a las personas al verdadero valor de la naturaleza.

Ese enfoque inspiró a las organizaciones de San Martín a fortalecer sus propios guiones interpretativos y reconocer que cada bosque posee historias únicas que merecen ser contadas.

El turismo también puede generar bienestar
La pasantía también permitió conocer nuevas tendencias en turismo de naturaleza, como las experiencias de bienestar desarrolladas en la iniciativa de conservación El Palmeral.

A través de los llamados «baños de bosque», los participantes experimentaron una propuesta que invita a reducir el estrés mediante una conexión consciente con la naturaleza, escuchando sus sonidos, sintiendo el agua y recorriendo el paisaje desde una perspectiva sensorial.

Para Shirley Vásquez, de la Concesión para Conservación Ojos de Agua, esta experiencia abrió nuevas posibilidades para fortalecer la oferta turística de su territorio.
«Regreso llena de ideas. Aprendí que un bosque también puede ofrecer bienestar. En Ojos de Agua podríamos incorporar actividades como yoga y experiencias que conecten a las personas con la naturaleza.»
La iniciativa representa una oportunidad para poner en valor uno de los últimos relictos de bosques estacionalmente secos del Huallaga Central y su extraordinaria biodiversidad, donde destacan especies como el helecho cuerno de alce (Platycerium andinum) y la rana Chiasmocleis abofoa, endémica de San Martín.
Aprendizajes que regresan a San Martín
Cada organización identificó oportunidades para fortalecer sus propias iniciativas de conservación y ecoturismo.

En Los Otorongos, la experiencia motivó a fortalecer los relatos interpretativos para que los visitantes comprendan mejor el valor ecológico y cultural de un territorio conectado con el Parque Nacional Río Abiseo y diversos atractivos naturales.
«Lo que más me llevo es valorar lo que tenemos. Descubrí que muchas de las plantas que vimos también están en nuestra concesión, pero todavía no sabemos contarlas», comentó Marleny Huamán, de la Concesión para Conservación Los Otorongos.

Por su parte, la Concesión para Conservación Chullachaqui Renacal de Santa Elena identificó oportunidades para incorporar propuestas de turismo de bienestar y fortalecer la interpretación ambiental de su bosque.
«Nos dimos cuenta de que hacíamos turismo convencional, pero no necesariamente ecoturismo. Esta experiencia nos mostró que el verdadero valor está en cómo interpretamos el bosque y en las experiencias que ofrecemos a los visitantes. Hoy regresamos con nuevas ideas para fortalecer nuestras iniciativas sin perder de vista nuestro principal objetivo: conservar», señaló Geiser Castillo.
Mientras tanto, la Concesión para Conservación El Breo identificó oportunidades para fortalecer su circuito de plantas medicinales, mejorar la atención a visitantes y consolidar alianzas con operadores turísticos para ampliar su alcance.

Cuando el conocimiento también conserva
Más allá de las herramientas técnicas, la pasantía dejó una enseñanza compartida: los bosques también pueden aprender unos de otros. El intercambio permitió comprender que fortalecer el ecoturismo implica mejorar la interpretación ambiental, construir experiencias memorables y desarrollar narrativas que ayuden a las personas a comprender por qué estos territorios son mucho más que destinos turísticos: son espacios donde la conservación protege la biodiversidad, fortalece la identidad local y crea oportunidades para las comunidades.

«Estos encuentros son como conversatorios entre concesiones: nosotros aprendemos de ellos y ellos también aprenden de nosotros. Es un aprendizaje continuo», resumió Shirley Vásquez.
Como siguiente paso, las organizaciones compartirán los aprendizajes adquiridos con los demás integrantes de sus asociaciones para adaptar las buenas prácticas observadas en Oxapampa a las características de sus propios territorios.
Porque cuando el conocimiento viaja entre bosques, también lo hace la innovación. Y cuando las historias se cuentan mejor, la conservación encuentra nuevas formas de inspirar, conectar y transformar vidas.
Nota: Estas actividades son posibles gracias al valioso apoyo de AECID.
